Demasiado tiempo sin dejarme abrazar, sin dejarme tocar por miedo a rodearme de estatuas de sal, habitando en castillos en el aire.
Conmigo nada es fácil.
Por miedo a lo efímero, a la soledad que reitera mes a mes su acto de presencia, a la miel de humanidad en los labios que acaba siendo polvo y ceniza; por pavor al después, a la mañana siguiente, a la tarde del domingo en el desierto del salón... por miedo a ser yo.
Por tantas cosas que aún no he descubierto, por no saber quién soy, por vivir como un niño que se esconde tras las sayas de una mesa camilla que se convierten en las tupidas y protectoras cortinas de una fortaleza.
Por estar perdido, por guardar rabia y frustracioń, por tal amalgama de sentimientos negativos, por no ver entre tanto polvo, por no querer dar lo que al final me acaban quitando con alevósica nocturnidad que parece premeditada en cada caso, por volverme desconfiado, por no querer salir del jardín de arena en el que juego sin divertirme...
...por la infinidad de motivos que enumeraría hasta emborracharme más aún de rabia, acabé con miedo a abrazar, y a devolver un abrazo.
Aunque ayer me costase, tú no desististe porque parecía que intuyeses que lo necesitaba. No flaqueaste, no lo diste por perdido y no tuve más remedio que reconocer, aunque fuese por unos míseros segundos, que necesitaba que me abrazasen tanto como necesitaba abrazar; y que el mundo se parase, y que se detuviera el tiempo, y descansar, y llorar por dentro, y vivir 100 vidas en un segundo, y recordar a partes iguales todo lo que tengo que olvidar, y rendirme a la evidencia de que no estoy solo en esta deshumanizada ciudad, de que no todo es lógica y raciocinio, ni nostalgia, ni culpa, ni recelo.
Por eso quería agradecerte la templanza de resistir mi cobarde abrazo, de esperar mi reacción de niño que se deja recoger, de hacerme sentir por unos segundos en paz, de hacer que mi mente dejase de pensar, de querer llorar, de reconocer cuánto necesitaba ese abrazo.
Mi más afectuoso agradecimiento por haber sido un choque de humanidad en medio de la multitud, por darme un consejo, por encender la mecha, por prender la luz.